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Ley D'Hondt: por qué el partido más votado no siempre gana más escaños

El 29 de noviembre España vuelve a las urnas y, con la campaña, vuelve la palabra «escaños» al telediario. Pero ¿por qué el partido más votado no siempre se lleva la mayor parte? La respuesta es una fórmula matemática de 1878 que puedes entender en cinco minutos: el sistema D'Hondt. Te lo explicamos con un ejemplo con números.

Por qué estos días todo el mundo habla de escaños

España vota el 29 de noviembre. El Consejo de Ministros aprobó el decreto de convocatoria a primeros de octubre y arranca una campaña que terminará el 27 de noviembre (La Moncloa · Gobierno de España). En juego, los 350 diputados del Congreso.

Y aquí viene lo que confunde a casi todo el mundo: el partido más votado no siempre se lleva una parte de escaños igual a su parte de votos. Un partido con el 42% de los votos puede acabar con el 40% de los escaños, y uno pequeño con el 6% puede quedarse con cero. No es trampa ni error de recuento: es pura aritmética. Se llama sistema D'Hondt.

Qué es la ley D'Hondt (y por qué no es una ley)

La llamamos «ley», pero no lo es: es una fórmula matemática que reparte los escaños de cada provincia entre los partidos. La diseñó el jurista belga Victor D'Hondt en 1878 y España la usa para elegir el Congreso. Antes de repartir, hay dos filtros que conviene recordar:

  • Los escaños se reparten provincia a provincia, no en una sola bolsa nacional: hay 50 circunscripciones, más Ceuta y Melilla.
  • Dentro de cada provincia, solo entran en el reparto los partidos que superan el 3% de los votos de esa circunscripción. El resto se queda fuera antes de empezar.

Con los partidos que pasan el filtro, el método es sencillo de enunciar: divides los votos de cada partido entre 1, 2, 3, 4… hasta el número de escaños que reparte la provincia, y repartes los escaños a los cocientes más altos, de mayor a menor, hasta que se agotan.

Un ejemplo paso a paso con números

Imagina una provincia que reparte 5 escaños y 100.000 votos válidos repartidos así: partido A, 42.000 (42%); B, 31.000 (31%); C, 19.000 (19%); D, 6.000 (6%); y E, 2.000 (2%). El 3% son 3.000 votos, así que E se queda fuera de salida. Ahora dividimos los votos de cada partido entre 1, 2, 3, 4 y 5:

÷A (42.000)B (31.000)C (19.000)D (6.000)
142.00031.00019.0006.000
221.00015.5009.5003.000
314.00010.3336.3332.000
410.5007.7504.7501.500
58.4006.2003.8001.200

Marcamos los 5 cocientes más altos de toda la tabla: 42.000 y 21.000 (A), 31.000 y 15.500 (B) y 19.000 (C). Resultado: A se lleva 2 escaños, B otros 2 y C uno. D, con el 6% de los votos, se queda con cero.

Fíjate en el detalle: A sacó el 42% de los votos y B el 31%, pero los dos acaban con 2 escaños de 5. El método no «roba» votos; simplemente premia ligeramente a los partidos grandes y penaliza a los pequeños, sobre todo cuando la provincia reparte pocos escaños. Esa es la raíz de que un voto no «pese» lo mismo en Soria (que reparte 2 escaños) que en Madrid (que reparte más de 30).

Qué te llevas de esto a clase de Matemáticas

D'Hondt es un ejercicio perfecto de proporcionalidad y división entera: no hay fórmulas raras, solo dividir, ordenar de mayor a menor y comparar. Es justo el tipo de problema que aparece en Matemáticas aplicadas a las ciencias sociales, y el fallo más común al practicarlo es olvidar el filtro del 3% o dejar de dividir antes de tiempo. Para dominarlo, este orden funciona:

  1. Quita primero a los partidos que no llegan al umbral del 3%; si no, repartes escaños que no tocan.
  2. Construye la tabla entera hasta el número de escaños, aunque algunos cocientes parezcan irrelevantes.
  3. Ordena todos los cocientes juntos, no partido a partido, y ve asignando de mayor a menor.

Hazlo con los resultados reales de tu provincia cuando salgan el 29-N: entenderás el telediario y, de paso, habrás repasado medio tema sin darte cuenta.

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