Hoy, Día Mundial de la Salud Mental: y este año habla de los jóvenes
Cada 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. En España, la campaña la coordina la Confederación SALUD MENTAL ESPAÑA, y el lema de 2026, elegido por votación popular (se impuso con el 32% de los votos entre las 1.860 personas que participaron), es «Haz match con tu salud mental», una campaña centrada de lleno en la infancia, la adolescencia y la juventud.
No es casualidad que mire a los más jóvenes. Según la Organización Mundial de la Salud, en torno a 1 de cada 7 adolescentes del mundo (de 10 a 19 años) convive con algún trastorno mental, y buena parte empiezan antes de los 18. Y si eres estudiante, hay una fuente de presión que conoces demasiado bien: los exámenes. Por eso vamos a desmontar la más común de todas, la ansiedad, con cabeza de psicología y no de autoayuda de pósit.
Qué es la ansiedad y por qué aparece justo antes de un examen
La ansiedad no es "nervios de los débiles": es una respuesta de alarma que tu cuerpo lleva miles de años perfeccionando. Ante algo que percibe como amenaza —un tigre o, en versión moderna, un examen de mates—, el cerebro activa la respuesta de lucha o huida: suelta adrenalina y cortisol, se te acelera el corazón, respiras más rápido y la sangre va a los músculos. En origen, eso te salvaba la vida.
El problema es que ese sistema no distingue un peligro real de uno imaginado. Y aquí está la clave que casi nadie te cuenta: un poco de activación mejora el rendimiento. Es la llamada ley de Yerkes-Dodson: con cero nervios no rindes (ni te molestas en estudiar), con una activación media rindes al máximo, y solo cuando la activación se dispara el rendimiento se desploma y aparece el bloqueo. El objetivo, entonces, no es "no tener nervios", sino mantenerlos en la zona útil.
| Activación útil | Ansiedad que bloquea |
|---|---|
| Estás alerta y concentrado | La mente se queda en blanco |
| Te sientes "a tope" pero puedes pensar | Pensamientos en bucle: "lo voy a suspender" |
| Los nervios bajan al empezar | Síntomas físicos fuertes: temblor, náuseas, taquicardia |
Un ejemplo típico: llegas al examen habiéndote estudiado el tema, lees la primera pregunta y… nada, en blanco. No es que no lo sepas; es que la activación ha pasado de la zona útil al bloqueo y el acceso a la memoria se ha estrechado. La buena noticia es que eso se puede entrenar para que no ocurra.
Cómo gestionarla: lo que de verdad funciona
Gestionar la ansiedad no va de "relajarse y ya". Va de bajar la activación cuando se dispara y de llegar al examen con menos amenaza real que descontar. Estos pasos tienen respaldo y se pueden poner en práctica desde esta semana:
- Respira para pisar el freno. La respiración lenta (por ejemplo, inspirar 4 segundos, retener 4 y soltar 6) activa el sistema nervioso que calma el cuerpo. Dos o tres minutos antes de entrar bajan de verdad las pulsaciones.
- Hazte exámenes de prueba. La ansiedad baja con la familiaridad: si ensayas en condiciones parecidas al examen (con reloj, sin apuntes), el día real deja de ser una amenaza nueva. Es exposición, el método que mejor funciona contra cualquier miedo.
- Estudia repartido, no de golpe. Dejarlo todo para la víspera alimenta la ansiedad porque llegas con la sensación real de no controlar la materia. Repartir en sesiones durante varios días te da control, y el control es el mejor ansiolítico.
- Duerme. Entre 7 y 9 horas. El cerebro consolida de noche lo que has estudiado de día; sacrificar el sueño para empollar más es cambiar memoria por cansancio y más nervios.
- Cámbiale la frase al pensamiento. Pasa del "voy a suspender seguro" al "me he preparado y voy a hacer lo que pueda con lo que sé". No es optimismo de postal: es ajustar una interpretación exagerada a una realista.
Fíjate en que ninguna de estas técnicas es un truco de un día. Son hábitos, y por eso funcionan: reducen la amenaza antes de que llegue el examen, no cuando ya estás en blanco.
Cuándo pedir ayuda (y qué puede hacer un profesor particular)
Primero, lo importante: si la ansiedad, la tristeza o el agobio te acompañan casi todos los días, te quitan el sueño o te impiden funcionar, eso ya no es "época de exámenes", y pedir ayuda no es de débiles, es de listos. Habla con tu orientador del centro, con un profesional de la salud mental o con un adulto de confianza. El lema de este año insiste precisamente en eso: las experiencias en primera persona cuentan, y hablar es el primer paso.
Un profesor particular no sustituye a un profesional de la salud mental, que quede claro. Pero sí puede quitar de en medio una de las fuentes de presión más concretas: llegar al examen con la materia sin controlar. Cuando entiendes lo que estudias y vas con un plan, la amenaza baja sola. En Eurekademy trabajamos con profesores (valorados con 4,8★ en Google) y puedes empezar con la primera clase al 50% de descuento para ver si te encaja antes de comprometerte: nuestras clases particulares están pensadas para que llegues a la primera evaluación con una cosa menos de la que preocuparte.